top of page

La Argentina de los vivos.

  • Foto del escritor: Luka Martinini.
    Luka Martinini.
  • 22 ago 2021
  • 5 min de lectura

Terminemos con esta payasada, Presidente.


Hace exactamente diez días, el Jueves 12 de Agosto, la periodista Guadalupe Vazquez difundió en el canal de TV de La Nación una foto que desató un verdadero escándalo político de una enorme trascendencia. En dicha foto, se puede observar al Presidente Alberto Fernandez en el comedor de la Quinta de Olivos Junto a unas 12 personas festejando el cumpleaños de la Primera Dama, Fabiola Yañez, el 14 de Julio del 2020.


Las repercusiones de tono “escandaloso” de la foto provienen del contexto que vivía el país en aquel entonces. Haciendo un breve ejercicio de memoria, recordemos que por esas fechas el Presidente había anunciado la “Cuarentena Reforzada”. Cuarentena que ya llevaba nada más y nada menos que cuatro largos y catastróficos meses.


Millones de personas estaban obligatoriamente encerradas en sus casas, decenas de miles de comercios cerraban para siempre sus puertas, los nuevos pobres y desempleados se contaban por millones y ningún ciudadano tenía permitido siquiera velar y despedir a sus familiares fallecidos.


En ese contexto, Alberto Fernandez retaba a la ciudadanía, acusaba a los “Runners” casi de asesinos y gritaba insultando y amenazando con “ir a buscar personalmente a los idiotas que no respetan las medidas de aislamiento”. Al mismo tiempo, organizaba una fiesta clandestina oficial en la residencia de Olivos, con más de una decena de personas y sin respetar ninguna medida sanitaria ni protocolo. Absolutamente nada. Con un aura de impunidad y superioridad moral que, personalmente, me resulta asquerosa, más aún teniendo en cuenta la hipocresía y la falta de respeto que eso representa hacia la sociedad.


Cuando veo la imagen de la fiesta, se me vienen a la cabeza algunos hechos que a esta altura se han convertido en emblemas de la locura colectiva. La imagen del padre de Solange, una joven enferma de Cáncer que fue privada de despedirse de su padre, o la imagen de Abigail, la niña también enferma de Cáncer que fue cargada en brazos por su padre en una larga caminata para cruzar de Santiago del Estero a Tucuman. Ambas lamentablemente murieron.


Hubo también escenas bastante menos trágicas, pero no necesariamente menos bizarras, como por ejemplo el tan denostado y atacado “Surfer”, la señora que fue multada por tomar sol acostada en una reposera en la plaza y el deportista que fue perseguido con helicópteros de la policía cuando entrenaba en un kayak, absolutamente solo en un río. Imágenes que, puestas en perspectiva, resultan tan extravagantes como indignantes.


Es interesante revisar también el hilo de mentiras improvisadas que hilvanó tanto el presidente como sus ministros en el transcurrir de las revelaciones. Cuando a fines de Junio se difundió el registro de ingresos a Olivos, Alberto Fernández dijo tajantemente que absolutamente todas las personas que fueron a visitarlo fueron exclusivamente por cuestiones relacionadas al trabajo y la función presidencial. Argumento que reiteró en su participación del programa “La Caja Negra” con Julio Leiva, donde dijo que la oposición intentó instalar mentiras en agenda con respecto a las reuniones indebidas en Olivos, que habían quedado en ridículo al revelarse que, según él, “no existieron tales reuniones”.


Al día siguiente de ese reportaje, el país entero pudo observar la foto que confirmó en forma rotunda no solo que si existieron tales reuniones, sino también que el presidente le había claramente mentido en forma absolutamente descarada a toda la sociedad. Y cuando digo que el país entero vio la foto, es porque según diversos sondeos, aproximadamente el 92% de la población dice estar enterada de lo ocurrido. Un nivel de conocimiento sobre una noticia realmente impresionante.


El Presidente mintió abiertamente y a la vista de todo el mundo. Obligó también a sus ministros y funcionarios a repetir y apoyar esa mentira, pulverizando lo poco que le quedaba de credibilidad y autoridad moral y faltandole el respeto a las decenas de miles de trabajadores de la salud que pusieron el cuerpo en la primera línea de combate epidemiológico.


Una de las personas de peso que salió inmediatamente a apoyarlo públicamente fue Sergio Massa, quien declaró que “el presidente tardó 24 horas en pedir perdón”. Aunque los cálculos no cierran por ningún lado. Entre julio de 2020 y agosto de 2021 hay nada menos que un año y un mes. Ventajita le erró un poquito a las cuentas en su inutil intento de justificar a su compañero. Por favor #AbranLasEscuelas para Sergio.


El principal argumento del Gobierno para bajarle el tono a la discusión sobre la fiesta en Olivos fue que se trató de un “error” que sucedió en forma excepcional y nunca más se repitió. Otra mentira descarada, claro está. La acumulación cronológica de información nos deja en claro que no se trató de un “error excepcional” sino de una conducta sistemática que se repitió en varias ocasiones. Tan solo una semana antes del festejo del cumpleaños de la Primera Dama, se había producido también en Olivos una celebración con motivo del cumpleaños de Pablo Galindez, hermano del Presidente. Y en agosto del mismo año Alberto Fernandez organizó un almuerzo en Olivos con Hugo Moyano y su familia, también sin barbijos ni protocolos sanitarios.


Estos hechos nos demuestran nuevamente el sentimiento de superioridad moral que ciertos dirigentes tienen ante la sociedad. Y es una conducta que no solo queda plasmada en las reuniones clandestinas de Olivos, sino también en una serie de hechos que forman parte de los “privilegios de casta” que manejan. Estos privilegios de casta derivan, entre otras cosas, en el manejo discrecional del reparto de vacunas en beneficio de familiares, amigos y militantes del Gobierno, el Vacunatorio VIP, los altísimos sueldos de privilegio que superan los 300.000 pesos (sueldos miserables según la Diputada ultra K Fernanda Vallejos) y el regalo de negociados y condonación de deudas a empresarios amigos como Hugo Sigman o Cristobal Lopez.


Esto hace de una concepción de sociedad, una cultura de poder que reivindica la desigualdad de origen entre la política y la gente. Que defiende los privilegios exacerbados que otorga el poder y hacen de la Argentina lo mismo que el mismísimo Presidente dijo que venía a terminar.


“A los idiotas, les digo lo mismo que vengo diciendo desde hace mucho tiempo: la Argentina de los vivos, que se sarpan y pasan por sobre los bobos se terminó.” fue la frase que utilizó en su momento Alberto Fernandez.


Estamos en plenas condiciones para afirmar que la “Argentina de los vivos que pasan por sobre los bobos” está más viva que nunca, y que este Gobierno Kirchnerista es una firme demostración de ello.


Por eso, quiero cerrar esta nota con otra frase de Alberto Fernández en referencia a los fiscales que investigaron el Vacunatorio VIP, que en las actuales circunstanticas funcionan como una espada de doble filo casi autorreferencial:


“Terminemos con esta payasada”, Presidente.

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

©2021 por Grupo Sarmiento. Creada con Wix.com

bottom of page