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Cronología de un gigantesco tsunami electoral.

  • Foto del escritor: Luka Martinini.
    Luka Martinini.
  • 13 sept 2021
  • 5 min de lectura

El relato de la noche que marca un antes y un después. Una debacle electoral del Frente de Todos que ni la oposición más optimista se animó a pronosticar.


La jornada del 12 de septiembre de 2021, fecha que quedará enmarcada en los libros de historia política argentina, había comenzado de una forma diametralmente opuesta a como finalizó.


Todos los análisis políticos previos indicaban que habría tres factores claves a analizar en los comicios. En primer lugar como quedaría la proyección de la cámara de diputados y a cuanto estaría el Gobierno de alcanzar la mayoría automática. En segundo lugar como quedaría proyectado el senado, siendo que las Provincias que renuevan son mayormente de tradición opositora, y por ultimo y mas importante, la diferencia con que se alzaría Victoria Tolosa Paz, candidata del Frente de Todos en Provincia de Buenos Aires, frente a la suma de las dos listas que integraban la interna de Juntos, competencia entre el ex vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli, y el prestigioso y reconocido neurólogo outsider del radicalismo, Facundo Manes.


En todo el arco político y mediático, pero fundamentalmente en la principal coalición opositora, se esperaba que en la Provincia de Buenos Aires, histórico bastión del Peronismo, triunfara el Frente de Todos. El principal objetivo al que aspiraba Juntos era que la suma de Santilli y Manes fuese lo suficientemente alta como para acortar fuertemente la diferencia con el FDT en relación al 2019, y que de esa forma se pudiese alcanzar una elección pareja en Noviembre, con una derrota por menos de 5 puntos ante el Gobierno, lo que en ese contexto sería leído como una victoria política debido a la pérdida de caudal del Peronismo.


Justamente ese era el clima político que se sentía a las ocho de la noche. Todos los boca de urna anticipaban un buen triunfo del Frente de Todos en la Provincia de Buenos Aires, con una diferencia con respecto a Juntos de entre 5 y 10 puntos. En esas horas Kicillof festejaba junto a Tolosa Paz y su compañero de fórmula Daniel Gollán, lo que era una indiscutible victoria oficialista. Al mismo tiempo, en el bunker cambiemita se vislumbraba un aire pesado y derrotista. El breve discurso de Santilli, en soledad, con tono bajo y cara larga, daba muestra de ello y dejaba entrever que el resultado bonaerense sería muy adverso para la oposición. Los medios alineados al oficialismo daban noticia de la victoria e incluso llegaban a mostrar, con cierto humor y risas burlonas, la presunta derrota de los candidatos opositores.


Cristina Kirchner llegaba al búnker en Chacarita para sumarse a lo que sería un enorme festejo por la victoria y la revalidación del Gobierno. Su experimento frentetodista habría obtenido un nuevo triunfo y se encaminaría hacia un segundo periodo del mandato tranquilo, con mayoría en ambas cámaras y sueños de continuidad en el 2023 cada vez más reales. La lógica era clara: “si ganamos en pandemia con este desastre, la presidencial la pasamos caminando”.


Pero hacia las nueve y media otra historia comenzaba a recorrer los pasillos. Había algo que no cerraba. Algo que muchos incluso se negaron a creer, casi como si de una broma de mala pasada se tratara. La alegría oficialista se fue transformando en preocupación. Los festejos se paralizaron y la atencion de todos fue redirigida hacia la espera por los primeros datos oficiales que, en esos momentos, ya auguraban un cisne negro.


El país entero se congeló. La tensión que se vivía era enorme en todos lados. Periodistas, políticos, militantes y muchísima gente desde sus casas estaban pegados a las transmisiones radiales y de televisión.


Y de pronto llegó la hora. Absolutamente todos estaban impactados por las noticias, oficialistas y opositores se encontraban anonadados por un resultado que ni los más optimistas (o pesimistas dependiendo el lado por el que se mire) habían podido imaginar.


Con el 50% escrutado, la coalición Juntos se alzaba con el 38% de los votos y daba el batacazo superando por cinco puntos de ventaja al Frente de Todos, que obtenía un mísero 33%. El Peronismo unido era derrotado en su bastión principal, en su fortaleza impenetrable, en su reino imbatible. Los números en la Provincia eran rotundos: el peronismo unido perdía 19 puntos con respecto al 2019 y 15 puntos con respecto al 2017. No solo eso, sino que el objetivo político del Gobierno pasaba de sumar diputados para alcanzar el quórum propio, a tratar de resistir la mayoría en el senado, debido a que los números indicaban que, de repetirse la elección en noviembre, perderian por lo menos cinco senadores.


Con el correr de los minutos el panorama oficialista se transformaba en una tragedia absoluta e inédita. Juntos por el Cambio arrasaba en todo el país logrando importantísimos triunfos en 16 provincias e incluso ganando varias por más de 20 puntos. La suma nacional le otorgaba una abultada ventaja por más de 10 puntos de diferencia con respecto al Frente de Todos y en la Ciudad de Buenos Aires duplicaban los votos de Leandro Santoro.


El Gobierno se enfrentaba a una paliza electoral de proporciones nunca antes vistas, llevando al peronismo al peor resultado de su historia y siendo derrotado por la misma coalición a la que dos años antes, pandemia pésimamente gestionada mediante, le habían ganado por amplio margen.


Todo el plus de votos hacia el centro que podía aportar Alberto Fernandez y Sergio Massa, que fue la pieza fundamental del triunfo de 2019, quedaba absolutamente diluido y destrozado. El monstruo electoral que había engendrado Cristina Kirchner se presentaba ante un fracaso histórico que incluso perforaba su 34% obtenido en soledad en las primarias de 2017. No sólo perdían el voto centro, sino que también se perforaba el núcleo duro, siendo derrotados incluso en barrios muy pobres de las profundidades del conurbano.


Los festejos de Juntos por el Cambio no tardaron en llegar. En una fuerte e importante muestra de unidad, los principales dirigentes de la coalición se encolumnaron en el escenario de Costa Salguero por detrás de Maria Eugenia Vidal, quien fue la única oradora del acto con el objetivo de apaciguar las disputas internas, que vaya si las hay.


En conclusión, estas elecciones primarias nos dejaron un fuerte e inesperado mensaje. El triunfo apabullante de la oposicion en todo el pais deja en claro que la enorme mayoria de la gente esta cansada de un gobierno que constantemente se muestra incompetente para solucionar los problemas, que vive en constantes peleas, que se ha visto envuelto en escandalosos privilegios y discrecionalidades del poder como el Vacunatorio VIP y el Olivos gate y que, ante el catastrofico hundimiento social, sanitario, educativo y economico que se profundizo fuertemente con una desastroza gestion de la pandemia, no tuvo otra cosa que mostrar que el “pasado Macrista que la gente decidio dejar atras” hace dos años.


Sorpresa para el Gobierno: el “ah pero Macri” no solo no les sirvió para sumar votos, sino que la oposición logró tomarlo como bandera y construyó a partir de ello un capital político central.


La sana rebeldía de la que hablaba Maurico en 2019 hizo tronar el escarmiento. El primer gobierno no peronista en terminar su mandato desde 1928 valió la pena y dejó consigo una coalición opositora capaz de pelearle el poder al peronismo unido.


La Fuerza del Cambio volvió con más impulso y solidez que nunca. De ahora en más habrá una reconfiguración de los poderes que, hasta el Domingo por la tarde, era absolutamente inimaginable. Nadie sabe lo que pueda suceder de acá a noviembre. Y muchos menos hasta el 2023.

 
 
 

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