Demitifiquemos el relato K sobre la deuda.
- Luka Martinini.

- 20 mar 2022
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Actualizado: 20 mar 2022

Por Luka Martinini Jamniuk.
Los argentinos estamos acostumbrados a escuchar el relato que el Kirchnerismo pretende instalar con respecto a la deuda pública. No es solo de ahora, sino que vienen hace muchos años trabajando para construir un sentido común diferente en la sociedad, y que esta crea que durante los Gobiernos de Cristina y Nestor Kirchner se produjo un notable desendeudamiento del país. El mito del desendeudamiento continua en la actualidad, y mediante él buscan constantemente atacar a la oposición y al Gobierno anterior calificandolos de “endeudadores” y a su vez justificar sus propios errores de gestión.
En esta nota, vamos a analizar resumidamente y con datos concretos el desarrollo de las cuentas públicas de los últimos veinte años, con el objetivo de desarmar algunos de los mitos que sustentan el falso relato que el Kirchnerismo cuenta sobre la deuda.
Algunos conceptos clave:
Para empezar, es necesario volver a explicar que la deuda es la consecuencia directa del déficit fiscal. Es decir, el Estado recurre al endeudamiento cuando sus gastos corrientes superan sus ingresos.
El Estado cuenta principalmente con tres formas de financiamiento: los impuestos, la emisión monetaria y la deuda pública. Cada una de ellas tiene consecuencias diferentes sobre la economía. En primer lugar, el sostenido aumento de impuestos puede generar un ahogamiento sobre la inversión, ralentizando el crecimiento y desarrollo económico. La emisión monetaria excesiva produce desequilibrios en la relación oferta/demanda del dinero. Al crecer la oferta monetaria por sobre la demanda, el valor del dinero tiende a depreciarse, generando inflación. Por último, el crecimiento crónico de la deuda pública tiene consecuencias negativas sobre la sostenibilidad de las finanzas del Estado y las tasas de interés de la economía Nacional.
Estos tres factores que dañan y desequilibran la economía tienen sus raíces en un mismo problema: el déficit fiscal. En 34 de los últimos 40 años el Estado argentino tuvo déficit fiscal, es decir que gastó más de lo que ingresó.
¿Qué pasó durante los Gobiernos Kirchneristas?
Argentina entre 2003 y 2015 aumentó el gasto público del 22% al 44% del PBI, llevando el superávit fiscal de 4 puntos a un déficit fiscal de 6 puntos. Para sostener esto, entre 2010 y 2015 se esfumaron 27.316 millones de dólares de las reservas del Banco Central, se instauró el cepo cambiario y se aceleró la emisión monetaria llevando la inflación promedio entre 2003 y 2010 del 3% al 10% y entre 2010 y 2015 del 10% al 30%. En el mismo periodo, la deuda pública aumentó de 181.621 millones de dólares a 240.665 millones, contabilizando un incremento de 59.044 millones de dólares.
Llevándolo a números concretos, Argentina en 2003 tenía un gasto público consolidado de 22% del PBI, con superávit fiscal de 4 puntos, superávit comercial de 13.000 millones de dólares, reservas del BCRA en crecimiento, inflación del 3% anual, dólar competitivo y libre, tarifas actualizadas y una deuda pública total de 190.000 millones de dólares.
En cambio, para 2015 los números habían cambiado notablemente. En 2015 Argentina tenía un gasto público del 44% del pbi, con déficit fiscal de 6 puntos, déficit comercial de 3.000 millones de dólares, reservas del BCRA en negativo (habiendo liquidado en los últimos 5 años casi 30 mil millones de dólares), dólar atrasado, tarifas congeladas durante una década, inflación promedio anual entre 2013 y 2015 del 30% anual y una deuda pública equivalente a 240 mil millones de dólares.
¿Qué pasó a partir del 2015?
En este contexto de enormes desequilibrios macroeconómicos tuvo que asumir el Gobierno de Mauricio Macri. Con el gran desafío de hacer una fuerte corrección de precios relativos y un ajuste fiscal con el objetivo de ordenar las desbocadas e insostenibles cuentas del Estado. Para ello, y pese a las advertencias de lo arriesgado que era, se decidió comenzar un camino de ajustes paulatinos y graduales que pudiesen ir corrigiendo los rojos fiscales a la vez que se reducían lo más posible los inexorables costos sociales que todo programa de corrección macroeconómica conlleva. Para llevar adelante este plan de ordenamiento era necesario poder financiarlo. Con una presión impositiva fenomenal sumado a la inexistencia de un mercado financiero en moneda local capaz de sostener semejante nivel de necesidades, se optó por cubrir los déficits transitorios con endeudamiento externo a bajas tasas.
Este primer plan económico de Cambiemos funcionó muy bien durante los primeros dos años. Luego de la inevitable recesión con aceleración inflacionaria producto de la devaluación y sinceramiento de tarifas en la primera parte del año 2016, la economía se estabilizó y comenzó un buen sendero de crecimiento. La inflación bajó fuertemente el segundo semestre del 2016 y los índices económicos mostraron signos de recuperación durante todo el 2017. A tal punto parecía funcionar el plan económico que el Gobierno obtuvo un excelente resultado en las elecciones legislativas y se terminó el año con el índice de pobreza más bajo desde 1995, es decir el más bajo en casi 25 años.
Pero a partir de 2018 las cosas cambiaron. Al casi nulo ajuste fiscal de los primeros dos años se le sumó un fuerte aumento de las tasas de interés de la FED, una salida generalizada de capitales financieros de los países emergentes y la peor sequía en 50 años.
El escenario era sumamente complejo: había que financiar un déficit todavía muy alto, en un contexto de escasez de divisas y de reversión del flujo de capitales. En ese contexto, y en medio de una fuerte corrida cambiaria que prácticamente duplicó el valor del dólar en cuestión de semanas, el Gobierno decidió ir hacia un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para poder afrontar todos los vencimientos de deuda pública heredados y propios. En términos prácticos hubo un cambio de acreedor. En vez de deberle a muchos acreedores privados diferentes, se trasladó esa deuda a un único acreedor: el FMI. El 80% del préstamo de 44 mil millones de dólares fue utilizado para cancelar deudas previas, mejorando los plazos e intereses de las mismas.
El mito de la “fuga”:
El Kirchnerismo insiste en la teoría de la supuesta “fuga de capitales” financiada con el préstamo del Fondo Monetario. Esto es rotundamente falso y oportunista.
Como vimos, casi la totalidad del préstamo del FMI se utilizó para cancelar deudas viejas mejorando los términos de plazo y tasa de interés. Muchas de esas deudas que se pagaron venían del Gobierno Kirchnerista, y la parte propia del Gobierno de Macri fue tomada para financiar el gigantesco déficit fiscal heredado.
También vimos anteriormente que entre 2010 y 2015 la deuda pública aumentó 59.044 millones de dólares (de 181.621 millones a 240.665 millones) y las reservas del bcra perdieron 27.316 millones de dólares. Si sumamos el aumento de la deuda con la pérdida de reservas, el resultado negativo para el estado es de 86.360 millones de dólares. Casi el doble del monto total que le debemos al FMI (44 mil millones).
Hablando de fuga, en el año 2020 Horacio Verbitsky publicó una lista con los 100 principales “fugadores” de dólares durante el Gobierno de Macri. Pero esta lista lo único que logró es poner a la luz una verdad incómoda para la militancia K.
“Otra rareza es que en la nómina no aparecen amigos de Macri sino de Néstor Kirchner y de otros jerarcas del oficialismo: casi toda la familia Eskenazi, socios de Cristóbal López, el fugitivo Adrián Werthein y el proveedor de cloro Mauricio Filiberti, entre otros.” (Pagni Carlos. 4 de junio de 2020. Cristina Kirchner y su enigmática ausencia en una lista de compradores de dólares. Diario La Nación.)
Conclusión:
Pudimos apreciar que el mito del desendeudamiento en la era K no es más que eso, un simple mito. El monto total de la deuda pública punta a punta creció hasta los 240.665 millones de dólares, y sumado a eso se incrementaron todos los motores para que continúe creciendo (déficit fiscal, déficit comercial, déficit energético y pérdida de reservas). Si bien es cierto que durante la gestión de Mauricio Macri la deuda siguió creciendo (como consecuencia de los desequilibrios heredados), es necesario también decir que los motores del endeudamiento futuro fueron apaciguados. Macri entregó en 2019 un país con equilibrio fiscal primario, superávit comercial, equilibrio en la balanza energética y un buen nivel de reservas en el Banco Central.
Argentina tiene que entender que la deuda no es el problema, sino la consecuencia del problema real, que es un Estado que gasta sistemáticamente más de lo que ingresa. El déficit se termina cubriendo con emisión monetaria, que genera inflación y golpea más a los que menos tienen. Con más impuestos, que destruye al sector privado e impide la generación de puestos de trabajo y con un adicto endeudamiento público, que pone al Estado Argentino en una situación de difícil sostenibilidad.
El equilibrio de las cuentas públicas es la mejor política pública y social, porque elimina las anteriores consecuencias negativas mencionadas y defiende el valor de la moneda, es decir el valor del ahorro y del salario. El equilibrio fiscal debe ser política de Estado durante muchos años con el objetivo de estabilizar nuestra economía, ordenar el gasto del Estado y volver a dinamizar la producción. La evidencia empírica en todo el mundo demuestra que esas son las bases para el crecimiento económico y la reducción sostenida de la pobreza.




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