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¿Qué nos dicen los nuevos indicadores de pobreza?

  • Foto del escritor: Luka Martinini.
    Luka Martinini.
  • 3 abr 2022
  • 3 min de lectura

La pobreza se consolida en forma estructural. Continuar las mismas recetas que nos llevaron hasta acá puede significar un punto de no retorno.


Esta semana se conocieron los nuevos datos del índice de pobreza publicado semestralmente por el INDEC. La información corresponde al segundo semestre del año pasado, lo que nos indica que muy probablemente los indicadores han empeorado desde entonces, como consecuencia del estancamiento y la creciente inflación registrada en lo que va del corriente año.


Según el INDEC, en 2021 la pobreza alcanzó al 37,3% de la población (aproximadamente 18 millones de personas), mientras que la indigencia superó el 8,2% (unas 4 millones de personas). A estos datos se le suma la triste postal de la pobreza infantil, ubicada en el 51,4%. En Argentina hay más chicos pobres que los que no lo son.


Además, se extiende con preocupante velocidad el fenómeno de los trabajadores pobres: aquellas personas que incluso consiguiendo empleo no logran abandonar su situación de pobreza por ingresos.


De forma insólita, el Gobierno continúa insistiendo en mayor gasto público y asistencia social como solución a la pobreza, incrementando aún más el presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social hasta alcanzar los $584.000.000.000 para este año. Un Ministerio del cual no se puede omitir la enorme influencia que tienen las Organizaciones Sociales en el reparto delegado de los planes, siendo el Movimiento Evita de Emilio Pérsico el más poderoso y beneficiado.


La historia y la evidencia empírica demuestran que los planes sociales no sólo no funcionan como solución a la pobreza, sino que promueven su expansión y consolidación, agregando además capas de corrupción y clientelismo que carcomen las bases de la democracia.


En los últimos 20 años el Estado Argentino duplicó el nivel de gasto público en relación al PBI. Aun con la voracidad infernal del Estado, que aplasta al sector privado con una de las mayores presiones impositivas formales del mundo, no ha sido suficiente para contener el abultado gasto público que nunca para de crecer, y cuyo sistemático déficit fiscal nos ha llevado a niveles insostenibles de inflación y endeudamiento


10 años de estancamiento económico es la consecuencia directa de este Estado ilimitado que no reconoce restricción presupuestaria alguna. La deuda pública en los últimos 20 años creció nada menos que 193.500 millones de dólares (2001 - 2021) y la inflación (que a principios de este siglo se situaba en torno al 4%) se ha acelerado a niveles muy peligrosos y dañinos, pudiendo superar este año incluso el 60%. Y como bien sabemos, la principal causa por la que millones de personas caen por debajo de la línea de la pobreza es justamente estos niveles desbocados de inflación.


Si queremos empezar a solucionar estos problemas, debemos dejar de pretender aplicar soluciones coyunturales a problemas que son sistémicos y estructurales. La inflación no se va a solucionar con controles de precios, mientras las cuentas públicas estén en rojo. La pobreza y el desempleo no se van a solucionar con planes sociales, mientras no se dinamice el mercado laboral privado. La recesión no se va a solucionar con más Estado, mientras se ahoga con impuestos la inversión. Debemos ser muy certeros en el diagnóstico de situación que hagamos, porque a partir de ahí se pueden empezar a pensar soluciones concretas y reales.


Queda claro que este Gobierno tiene un diagnóstico equivocado, y por ende soluciones equivocadas. De no haber grandes cambios en los lineamientos de las políticas económicas, la inflación seguirá en espiral ascendente hundiendo a millones de Argentinos en la pobreza. En el 2023, quien tenga la responsabilidad de asumir la Presidencia de la Nación, se encontrará con un país en situación de profunda emergencia económica, social y educativa. Conducir a la Argentina hacia un sendero de crecimiento del sector privado, reducción de la pobreza y austeridad del Estado debe ser prioridad inclaudicable.


Continuar con las bases de este modelo solo profundizará el camino decadente que atravesamos hace décadas.



Por Luka Martinini. Secretario de Comunicación de Grupo Sarmiento CABA.

 
 
 

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